Lentamente, como una imagen que emerge de lo blanco,
fue surgiendo el paisaje.
Una calle comenzó a dibujarse con trazo grueso.
No tenía fin.
Después, la capucha de una sudadera fue insinuándose en la niebla.
Debajo, un cráneo adquiría su dureza. El resto del cuerpo
permanecía borroso—pero ágil y cadenciosamente
iba alejándose por la calle.
Poco a poco, una red de cables fue extendiéndose por mi campo de visión.
Las casas brotaron a intervalos regulares.
Al fondo,
las torres emergieron para absorber
el incendio de la tarde.
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