jueves 20 de octubre de 2011

Pieza de Fuga nº 9: La escritora pondera si escribir un último poema

Las rosas de papel son, en verdad,
demasiado encendidas para el pecho.
Jaime Gil de Biedma

Después de haber escrito algunos versos
de un último poema la escritora,
cansada, hace una pausa y se pregunta
si, acaso,
debería dejar el poema inacabado.

Vuelve a leer lo que ya ha escrito
acerca de lo extraño del azar,
el eterno presente en el que vive,
rotas las líneas temporales
—lo venido y lo pasado,
lo que podría ser—,
sólo ordenadas
por la lógica interna de los versos,
esos versos que irrumpen mansamente
para luego retirarse con sosiego,
máscaras viejas antes ya de usarlas.
Ya ni siquiera se pregunta
qué máscara contiene la verdad:
Sabe que todas mienten
y todas cuentan
ese simulacro de verdad que es la experiencia.

Por eso la escritora hace una pausa,
porque sabe que el único final
posible en ese último poema

es un lento, lentísimo, apagarse,
conseguir que los versos se disuelvan
en tonos, semitonos, en difusos
estados de conciencia,
después
—según sentencia del tiempo derruido—,

callar, no escribir más,
vivir a fondo entre las ruinas,
amar y envejecer serenamente.

Se distrae, recuerda los primeros
acordes del concierto de Aaron Copland
—el desfallecimiento del rondó
antes de la ruptura de la coda,
el silencio que oculta el clarinete.
Se acerca la ventana.
Es otra vez septiembre,
la luz
trae la imagen de un cuadro de Monet,
de aquel sendero oculto en el jardín,
la luz filtrada entre los árboles
y aquel aroma denso de las rosas.
Y lo sabe, sabe que nunca,
aunque lo añore intensamente, nunca
paseó por sus arriates,
no contempló la luz entre sus árboles
ni aspirará el aroma de sus rosas.
Y sabe que es por ello que no puede,
que no puede vivir entre las ruinas,
amar y envejecer, serenamente,
que volvería a escribir y que sería
ficción, literatura,
máscara hipócrita, —mon semblable, —mon frère!

Por eso se levanta de la mesa,
por eso
deja el poema inacabado.

2 comentarios:

  1. Qué melancólico poema, y qué bello.

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  2. Gracias, Viky, me ha costado mucho escribirlo, pero ya está. Se acabaron las fugas.

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